Ideas sueltas sobre papá, el funeral, mi gratitud y otras cosas profundas

Siempre fuiste un viejo lobo solitario, pero ayer no se notó. Tu funeral quizá estuvo demasiado cerca de lo que hubieras querido…aunque ya nunca lo voy a saber. Tu hija se acordó del aspecto menos importante de tu despedida: que querías una caja de madera. Lástima que sea el único heroísmo que su consciencia y su entendimiento de las cosas le permiten. La humildad es más heroica y es precisamente con lo que tu te vas…y nos dejas.

En cuanto a mi… no me dan consuelo los dolientes más periféricos, ni las oraciones más desencantadas. No puedo hacer más que sepultar contigo nuestras diferencias y desenterrar nuestros mejores recuerdos para recuperarte.

Rencorosos…los conozco. Pobre de mí, o pobres de ellos, porque no entienden, no saben que pienso que no vale la pena llorar sobre tu cuerpo sin vida; prefiero morir tu pérdida así: estar arruinado unas horas, sólo y de madrugada, pero ya volveré a ser el mismo de siempre (incluso mejor) en el transcurso del día.

No pudimos aprovecharnos lo suficiente tu y yo, así lo quisimos, pero te agradezco profundamente por darle a mis hijas la oportunidad de hacerlas tus nietas, por darme a mis hermanos y por legarme a mi y a mi familia la aventura del emprendimiento. Además de ese traje, la camisa que más me gusta para ocasiones especiales, los zapatos y mi corbata morada, he perdido mucho…muchísimo, te llevas algo mío, profundo, allá, a donde vas.

Hasta luego Químico Guillermo Santos, hasta siempre papá.

Psicólogo educativo, consultor, tecnófilo, entusiasta de marketing digital y del emprendimiento en internet.