Aniversario Luctuoso de Papá: De excentricidades, emprendimientos y parecidos accidentales


Ayer me vino a la cabeza la vergüenza que llegaba a darme tu excentricidad. Me parecías fuera de lo normal, lunático, esotérico…y casi tan megalómano como Salvador Dalí.

Veía a otros padres y a otras familias más “normales”. Bajaban de sus automóviles para ir a las juntas escolares con aspecto formal, trajecito…cabellito relamido, hablando de diversas parafernalias oficinísticas insufribles (qué asco).

Me preguntaba, -¿Por qué no tengo un padre normal?-.

Recuerdo un día de hace veintitantos años en el que por alguna razón nos encontrábamos caminando afuera de la bolsa mexicana de valores. En esos tiempos en donde no nos sobraba ni un céntimo, y nos transportábamos largas distancias única y exclusivamente con nuestros zapatos viejos o en transporte público.

Mientras caminábamos pasaban junto a nosotros algunos de los personajes típicos de la vida asalariada aspiracional de la Ciudad de México: pulcros, con portafolio, ropa formal, perfumados, zapato boleado, reloj fino y actitud displicente.

Aquella vez me dijiste (aunque con muchísimo mas folclor) que nunca debíamos sentirnos por debajo de esas personas bien vestidas, que se pensaban mejores que nosotros. Que por encima de su orgullo estarían siempre decenas de figuras de autoridad. Creías que nunca iban a ser dueños de sus decisiones, ni de su trabajo. Me dijiste también que un día, íbamos a hacer cosas mejores (lo sigo creyendo).

Sé por que me apasiona tanto el emprendimiento y también sé claramente la razón de por qué detesto tanto esa caricatura “chambeadora” de la vida. Un trabajo “seguro” en el que harás por décadas un compendio muy acotado, predecible y estereotipado de cosas…y al final del camino, creerás que vas disfrutar de la vida y el patrimonio que te quedó…. ya aburrido, viejo…tal vez enfermo y agotado.

Yo, al igual que tu, le he encomendado a la calavera mi jubilación porque seguiré convencido haciendo las cosas que me gustan hasta que falle toda la maquinaria.

Te gustaba emprender. Eras autista (o artista) de tu negocio. Dormías, desayunabas, comías, cenabas y madrugabas emprendimiento. Te asaltaban ideas a deshoras y las compartías con las personas menos dispuestas a escucharlas (yo también lo sé). Creabas…hacías borradores, echabas a perder y hablabas con muchas personas toda la semana.

Padecías también mucha censura…todo el mundo te quería opacar. Tenías mucha soledad intelectual. Sí, estabas bastante solo en tus proyectos…ensimismado a media noche, poniendo y quitando quien sabe qué. Quizá hoy seria yo el que mejor entendería esa faceta de tu vida…pero se me ha hecho tan tarde.

Creo que me parezco a ti en muchas cosas. Me dejaste tu entusiasmo ingenuo y tu motivación incansable de aprender e inventar cosas. Tengo tu humor sarcástico y devoción religiosa hacia tu familia. Conservo la dignidad y la fortaleza que te sobraba para los que no creían en ti. Soy como tu…en muchos aspectos, pero bastante diferente en otros.

Muchas virtudes tuviste viejo, pero también muchos defectos. Además de aciertos, cometiste muchos errores ¿Que puedo decir? Nunca celebré lo improvisado que eras…porque no terminaste de hacer todo lo correcto. Dejaste las cosas de cabeza y nos heredaste a todos muchas quimeras, aunque a decir verdad creo que también me hiciste paladín de tus mejores convicciones.

Ayer en tu aniversario luctuoso esperaba que me acompañaras a desayunar. Inauguré un ritual absurdo: ordené dos cafés americanos pero al terminar el tuyo siguió igual de lleno.

Tengo que irme pero me llevo como siempre….las memorias que valen la pena.

Gracias por nunca ser ordinario.

Guillermo, Tu hijo.